Nos tapó el agua

Una vez más nos encontramos con el catastrófico panorama de las inundaciones que cada año cubren un sector más grande del país.

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El litoral argentino sufre incesantes lluvias que, según pronostican, podría durar hasta junio este clima de precipitaciones frecuentes. Según el Ministerio de Desarrollo Social, serían más de 30000 lo afectados entre evacuados, auto-evacuados y damnificados en general, aunque la cifra se incrementa cada minuto que pasa.

¿Esto sólo se debe a la lluvia? No. Echarle toda la culpa al mal clima es el refugio de los que algo esconden. Quien haya recorrido las rutas argentinas, más en la zona de monocultivo, sabe que es muy difícil encontrar grandes superficies cubiertas de árboles, dado que la ambición desmedida de unos pocos, produce una deforestación masiva, dando vía libre al agua al no tener por donde escurrir. Los árboles no sólo dan oxígeno, que no es poca cosa, también absorben el agua de lluvia, bajan la temperatura, dan refugio a las aves y otros animales silvestres entre otras funciones.

Argentina se caracteriza, más en las últimas décadas, por reaccionar forzada por las tragedias, pero en este caso, no hay señales de reacción, más bien lo que se observa es una parálisis expectante de milagros. El monocultivo de soja, por citar un ejemplo, cubre una superficie de aproximadamente 25 millones de hectáreas en el país. Semillas transgénicas, herbicidas y pesticidas danzan al ritmo vertiginoso de esa unión entre multinacionales, productores y gobiernos. Se talan millones de árboles por año para extender la superficie de cultivo, se fumiga en inmediaciones de las casas, de las escuelas rurales y se pasean los bidones de agrotóxicos por todos lados, como si de agua se tratase.

Los casos de cáncer y malformaciones en recién nacidos se multiplican exponencialmente cada año. Asambleas de vecinos, ONG´s, periodistas independientes, profesionales de la salud y las ciencias naturales manifiestan su preocupación y descontento desde hace casi 20 años, con una respuesta casi nula de los distintos gobiernos. Las pruebas que vinculan a este sistema de cultivo con infinidad de patologías clínicas son irrefutables, las pruebas están, pero lo que parece no estar es la voluntad de los funcionarios para servir al pueblo en lugar de ser simples empleados de las multinacionales más voraces del mundo, como el caso de Monsanto, por citar el caso más emblemático.

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La falta de obras de infraestructura para evitar inundaciones es una constante, que sumada a las realidades descritas en esta nota, construyen un escenario catastrófico, donde la naturaleza nos responde de la peor manera como consecuencia a un maltrato hijo de corazones marchitos, impulsados por la simple ambición de dinero y poder de unos pocos.

5 millones de hectáreas se ven afectadas por las inundaciones.

No sólo nos tapó el agua, también nos tapó la corrupción, la maldad y la estupidez.

 

Fernando Bruni