El día del agua es todos los días

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Hoy, no es necesario mirar hacia el continente africano para encontrar seres humanos caminando kilómetros para hallar un poco de agua relativamente potable.

En Argentina, es una realidad que está afectando a millones de personas, principalmente, en el interior del país. La megaminería, además de representar una forma de saqueo de estilo colonial, contamina con cianuro y otros metales pesados alrededor de 100 millones de litros de agua pura de montaña por día y eso por cada emprendimiento minero.

Ríos contaminados con cianuro, lluvias ácidas, cultivos envenenados, economías regionales que apenas sobreviven y por supuesto, el costo para humanos y animales es letal. El aumento de la tasa de cáncer supera el 800% respecto de décadas atrás, teniendo en cuenta que estas prácticas tuvieron su explosión a mediados de los 90.

Situación similar viven los pueblos afectados por el agronegocio. Más de 20 millones de hectáreas sembradas con soja transgénica, fumigada con los agrotóxicos más letales como el glifosato. Y eso sólo si hablamos de soja, pero hay que sumar el maiz, el trigo, el tabaco, la yerba, el algodón y otros cultivos que se desarrollan con métodos similares. Cáncer, leucemia, afecciones de la piel, problemas respiratorios, malformaciones y toda clase de patologías sufren los vecinos de pueblos fumigados. Reciben agrotóxicos por aire, en el agua que toman y en sus alimentos.

Los habitantes de las grandes ciudades, desconocen que en casi todo lo que consumen hay agrotóxicos y no sólo en la comida, dado que hace pocos meses, se demostró que también hay glifosato en los apósitos sanitarios como gasas, hisopos, toallas femeninas y todos los derivados del algodón.

El acceso al agua potable es cada día más difícil y si se depende del agua embotellada, se vuelve inaccesible para muchas familias. Aquí lo que reina es una forma de injusticia infame que hace que personas que podrían gozar de agua pura de que baja de las montañas, tengan que salir a comprar agua embotellada de menor calidad. Y aún, si compraran agua para beber o cocinar, difícilmente puedan hacerlo para bañarse o para otros usos donde se pone en riesgo la salud.

Como si esto fuera poco, ahora se suma el Fracking, que es una forma alternativa y muy contaminante de extracción de hidrocarburos por medio de fractura hidráulica.

Tampoco se puede dejar de mencionar a las clásicas industrias como la del cuero y otras que llevan más de un siglo contaminando el agua, el aire y la tierra.

Por supuesto, ninguna de estas prácticas podría ser posible sin el apoyo y garantías que les brindan nuestros funcionarios, desde el Presidente actual junto a los anteriores, como así también gobernadores, intendentes y la mayoría de los legisladores.

Multinacionales como Barrick Gold, Monsanto y Chevron son las más emblemáticas, pero detrás de ellas hay un centenar de empresas que con el mismo fin, pero con menos exposición, contribuyen al cáncer que padecen nuestros hermanos, a que nazcan niños con malformaciones, a la leucemia y un listado enorme de enfermedades que padece nuestro pueblo.

Los medios de comunicación, sólo en casos aislados, hablan de estas problemáticas, porque casi todos dependen económicamente de la pauta publicitaria de estas empresas, cuando no son parte también, del paquete accionario de las mismas.

El agua corriente no escapa a esta nota. Según la zona, puede venir con niveles muy altos de cloro, que la hacen imposible de beber, como así también, genera irritación en la piel y en los ojos por dicha composición química. En un próximo informe, hablaremos de este tema más en profundidad.

Por lo pronto, estamos a nuestra suerte. Debemos generar conciencia entre nuestros allegados para que en un futuro cercano, podamos recuperar la calidad de vida que nos han robado, para que nuestra gente no muera de cáncer, para que nuestros alimentos no estén envenenados, para que los responsables paguen por este desastre humanitario y ambiental.

Ser indiferentes no es una opción. El día del agua es todos los días.

 

Bergman dejó plantados a los vecinos de Jachal

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El 1º de marzo, en reunión con vecinos de Jachal (San Juan) el Ministro de Ambiente, Sergio Bergman, se había comprometido a visitar el pueblo en los próximos días para charlar in situ sobre las consecuencias de la minería a cielo abierto y fundamentalmente sobre el vertido de 5 millones de litros de solución cianurada proveniente de la mina Veladero que explota la multinacional Barrick Gold. Dicho incidente ocurrió el 13 de septiembre de 2015.

El derrame provocó la contaminación de 5 ríos de la zona y el hecho fue comprobado por pericias de la Policía Federal a los pocos días de ocurrido.

El 15 de marzo, mientras los vecinos ultimaban los preparativos para el encuentro, fueron informados por enviados del ministro Bergman de que no contarían con su presencia por motivos personales.

La noticia cayó muy mal entre los integrantes de la Asamblea Jachal no se toca y a pesar de que se habla de otro posible compromiso de visita, la imagen del ministro empieza a relacionarse con la de los funcionarios a los que ya están acostumbrados.

Una versión indica que la visita se vio frustrada gracias a la presión del ex-gobernador y hoy diputado José Luís Gioja, que amenazó con no darle los votos de su bancada en el acuerdo con los holdouts al oficialismo.

Los vecinos de Jachal continuarán con esta pelea hasta las últimas consecuencias, porque al igual que otros pueblos que luchan contra este flagelo, saben que no hay megaminería sustentable y que el costo humano y ambiental ya es evidente, en forma de cáncer, malformaciones, cosechas perdidas, animales muertos y una calidad de vida muy injusta. El agua, la tierra y el aire, elementos fundamentales para que la vida prospere están envenenados y a nuestros funcionarios parece importarles muy poco, siempre y cuando las multinacionales puedan seguir saqueando y contaminando a su antojo.

De un lado está el pueblo, con su dignidad, sus anhelos y su ferviente amor por la vida. Del otro, está el costo inhumano del poder.

Una victoria para Andalgalá

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La Corte Suprema dictó sentencia favorable al reclamo de los vecinos del pueblo Catamarqueño que se transformó en un símbolo de la lucha contra la megaminería.

Luego de un mes de acampe frente a Tribunales, el máximo tribunal le dio la razón al pueblo de Andalgalá y obliga a la Justicia de Catamarca a no rechazar el amparo presentado y a dictar nueva sentencia teniendo en cuenta estudios de impacto ambiental que demuestran que la megaminería contamina agua, tierra y aire, generando un perjuicio enorme para la salud de personas, flora y fauna.

Es un avance muy importante en la lucha y no hubiese sido posible sin el gran esfuerzo de todos los vecinos que se comprometieron y que vienen dando esta pelea desde hace años. Tampoco hubiese sido posible sin el apoyo inclaudicable de los integrantes
de Visión Sostenible, del equipo de legales, de las organizaciones que aportaron infraestructura, carpas, sonido, etc, de los artistas, de los organismos de Derechos Humanos, de los legisladores que apoyaron la causa, de las ONG´s y de todos los que de una u otra manera aportaron su grano de arena apoyando este último acampe todos los días y todas las noches durante un mes.

Esta sentencia es fruto de una voluntad inquebrantable en defensa de la vida. Es un gran avance, pero hay que seguir peleando. Se logró un incentivo para demostrar que no está muerto quien pelea y que sólo hay un horizonte y es un país sin megaminería.